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URBAN LANDSCAPES
Rodolfo Edwards
The city, the modern urban space in its permanent process of change, rupture and re-creation, constitutes an object of permanent interest for the artistic eye.
The complexity of the modern cities with its combination of forms, spaces, places, individuals, times and histories becomes challenging for human understanding and a clear stimulus to create new ways of representation which, from a parallel perspective from those coming from the urbanite disciplines, try to explain, to capture the intensity of life and death in the human beehive with its permanent buzzing.
Time and space, the intuition of the human shapes and their constant and temporary actions are gathered in Rodolfo Edwards Works: artifacts, modified pictures and paintings all of which constitute an artistic corpus with its own identity and incisive view.
The citizen with its own share of violence and frailty is the obvious antagonist of the rousseaunean man living in state of nature. This contradiction is reflected through the use of shapes, colors, textures and the sophisticated precariousness of his works. The city, its construction is what it is, but simultaneously, much less than that, appearing as frail and mysterious, an unsuccessful intent, an act of order and confusion. Edwards has pictured the citizen and the urban space, as two live entities subject to a generative and degenerative process of birth, development and twilight.
As an artist and architect, Rodolfo Edwards doesnt want to avoid the complex urban structure and the need of its understanding. Highways, architecture, cultural trends are all elements that create the urban dynamics, constantly interacting, creating relationships that give place to organic, harmonious and unique realities.
March, 2010.
PAISAJES URBANOS
RODOLFO EDWARDS
La ciudad, la urbe moderna, en su proceso constante de transformación, ruptura y reinvención de sus propios límites, representa un espacio de gran interés para la mirada del ojo artístico.
La complejidad de las ciudades, con su combinación de formas, espacios, lugares, personas, tiempos, historias constituye un desafío para el entendimiento humano y el estímulo para generar representaciones que, desde una dimensión paralela a la de los recursos propiamente urbanísticos, intentan explicar, representar la intensidad de vida y muerte que representa la colmena humana y su incesante zumbido.
Tiempo y espacio, la intuición de las formas humanas y su quehacer constante y pasajero se recogen en los trabajos de Rodolfo Edwards: instalaciones, fotografías intervenidas y pinturas, que forman un corpus artístico con identidad propia y mirada perspicaz.
El ciudadano con su cuota de violencia y carencia, claro antagonista del hombre rousseauniano, en estado de naturaleza, queda reflejado las formas, el uso de los colores, las texturas, el elaborado estado de precariedad. La ciudad, su construcción es lo que es, pero también es mucho menos que eso, aparece como algo frágil y misterioso, un atisbo de acto fallido, de confusión. El ciudadano y la urbe, como dos seres vivos, sometidos a un crecimientos sano y degenerativo, al proceso de nacimiento, desarrollo y ocaso.
Rodolfo Edwards, artista, arquitecto, no quiere desentenderse de la estructura urbana y la necesidad de entenderla. Redes viales, arquitectura, movimientos culturales: elementos vinculadores que desarrollan la dinámica urbana, interactuando constantemente, generando relaciones, que se van conformando de un modo orgánico, armonioso y, por sobretodo, particulares.
Marzo, 2010
Sobre la obra pictórica de Rodolfo Edwards
4 de Febrero de 2011
Las narrativas de la ciudad y sus sistemas de transformación al interior de sí mismas y su ocupación por lo humano son trabajadas estética y discursivamente en la obra del artista chileno Rodolfo Edwards, residente desde el 2010 en la ciudad de Nueva York.
En la pintura de Edwards una suerte de aterritorialidad parece romper con los mapas, con las localidades que antaño precedieron la avanzada modernista y sus prácticas de expansión que, desde comienzos del siglo XX, reemplazaron el modelo decimonónico en ciudades como París, por ejemplo, por aludir a un referente ineludible en la edificación de Santiago y, además, por indicar las relaciones entre lo local y lo global. Esta tradición, o la arquitectura del siglo IXX, ha sido suspendida en la historia por el modernismo no solo en arquitectura sino también en las artes visuales, y es ahí donde opera la obra de Edwards, en un cruce que indica el movimiento de las estructuras citadinas y estéticas desde el campo de la pintura.
Hoy en día el panorama de edificación es un espectro que varía como el tiempo en su velocidad y mutación. Las ciudades han experimentado por diferentes razones ya sea beligerantes, políticas o económicas diversos cambios estructurales en un pacto con las convenciones de poder que significa acceder, y pertenecer, al mundo globalizado. Rodolfo Edwards, desde su formación como arquitecto, ha notado este ritmo, este aceleramiento de lo urbano en una relación con el paisaje y con lo propiamente humano, realizando una propuesta visual que se aleja de una iconocidad para sugerir desde el trazo, la línea, el color y la mancha, una visión personal sobre las variaciones del tiempo y del espacio en la edificación de la actualidad.
Desde una mirada estética, la obra de Edwards podría dividirse en dos espacios: En los paisajes panorámicos que ponen en escena las diferentes direcciones y puntos de vista del crecimiento urbanístico y, en segundo lugar, los paisajes más bien cuadrados que suponen una relación directa con el hombre en su ambiente, es decir, con la ciudad.
Con respecto al primer espacio, es decir, a los paisajes panorámicos, existe un punto de vista aéreo del pintor que recuerda la figura del plano arquitectónico, es decir, la planta como espacio bidimensional de proyección. Sin embargo sobre la base de cada planta ocurren nuevas dimensiones que se tejen al interior de las telas, generando tensiones e hibridaciones que aluden al constante cambio de los mapas, o planos, que en su primer momento fueron originales y que ahora se abren y se alejan hacia un lenguaje más bien cubista que sugiere una mirada en tensión sobre el objeto representado. Hay aquí un discurso que plantea la crisis de la memoria, su fragilidad, pues en el espectáculo de lo contemporáneo las ciudades de turno han reedificado su historia por un acceso político al modelo capitalista de mercado. Pareciera entonces que el artista nos señala desde su pintura las relaciones entre lo estable y lo mutable, o entre lo permanente y su desaparición, construyendo un espacio de reflexión sobre los límites de lo doméstico en una escena que se mueve en un espacio indeterminado, generalizado, abierto a las infinitas direcciones que exceden el plano de lo arquitectónico.
A su vez y desde esta técnica, que es la ampliación de la perspectiva, Rodolfo Edwards plantea la crisis del territorio como unicidad en el tiempo y, por lo mismo, al tiempo como constructor de una eterna transformación.
Por otro lado, el artista señala la invalidación de lo local en pos del territorio de lo global, ya que pareciera que las líneas divisorias o geográficas han sido desplazadas por el modelo de la globalización, entendiendo a lo urbano en un nivel paralelo al interior de en una escena liderada por el acceso a lo (post) contemporáneo.
Finalmente, el gran formato de las telas nos remite a los orígenes de la pintura del paisaje por su extensión en la horizontalidad, aludiendo a una tautología del medio como una estrategia más sobre los cruces de la ciudad en el campo de lo pictórico. A su vez, dicha maniobra recuerda en el arte contemporáneo y latinoamericano el trabajo de Kuitca y, en otro registro, al alemán Michael Wesely y sus discursos sobre la mutabilidad de lo urbano desde el medio fotográfico.
Con respecto al segundo lugar, es decir, a las pinturas menos panorámicas que en términos fotográficos podrían ser descritas como detalles o close up, aparece la mancha, el trazo pictórico que remite a lo orgánico, al hombre, a un caos punzante que esta en el centro de la tela, cautivo en el interior del cuadro. Es entonces cuando el concepto de ciudad trabajado por el artista señala a lo humano al interior de las horizontales y verticales que ocurren en sus lienzos, y lo hace mediante la representación de una mancha anónima que se empasta como una fuerza céntrica que desea explotar, expandirse hacia los confines del lienzo y sin embargo le es imposible, por los discursos contemporáneos de lo urbano. Es aquí donde el artista plantea una revisión crítica frente a la habitabilidad urbana y la calidad de vida, insistiendo en problemáticas de amenaza a partir del crecimiento metropolitano.
En este sentido, Edwards propone en sus pinturas una perspectiva visual donde se modifica el trazado regular y continuo del original en pos de los desplazamientos e intervenciones por-activos del las trasformaciones urbanísticas y su repercusión en lo humano.
Por otro lado, existe un signo permanente en este segmento de pinturas: la cruz. Este signo puede referirse tanto a lo simbólico en cuanto a paradoja de liberación, como a lo geométrico en cuanto a los desplazamientos del único punto de vista monopolizado en Occidente por Brunelleschi primero y por la cámara fotográfica después. La cruz entonces como la negación del territorio, o del mapa demográfico (y es aquí donde aparece nuevamente la referencia a Guillermo Kuitca) y, a su vez, como construcción geométrica elemental que alude a las diferentes posibilidades de expansión, y revestimiento, de la ciudad.
Todo aquello nos hace pensar en el movimiento, en el caos, en la tensión que significa la constante transformación del entorno, de lo que contiene a lo humano, de su marco, su habitación.
Ahora bien, aludiendo a ambas operaciones propuestas por el artista, aparece el módulo como signo de fragmento, de fusión, como herramienta que teje un total modificable pues, el módulo es, en si mismo, un mecanismo que permite infinitos resultados. En este sentido, la ontología del módulo no solo en las artes visuales sino que también en sus usos cotidianos, se sostiene en la poética de las posibilidades, de lo indeterminado, de la destrucción y la reedificación de un total jamás concluido.
La obra de Rodolfo Edwards se trata, finalmente, de una nueva propuesta sobre la trama urbana trabajada desde la pintura principalmente, pero de una pintura que contiene fotografía, gráfica e instalación, indicando desde este cruce de medios, una analogía a los sistemas de hibridación urbanos desde estos diferentes medios de representación visual.
Florencia San Martín Ritourt
Artista Visual y Critica de Arte
4 de Febrero de 2011